Breves
En el 2001 Alejandro Bertotto publicó -a través del Centro de Estudios Estratégicos ‘Teniente General Luís María Campos’-, el libro titulado “La Ciudad de Ushuaia y su Ubicación Geoestratégica como Puerta de Entrada a la Antártida”.
En el 2001 Alejandro Bertotto publicó -a través del Centro de Estudios Estratégicos ‘Teniente General Luís María Campos’-, el libro titulado “La Ciudad de Ushuaia y su Ubicación Geoestratégica como Puerta de Entrada a la Antártida”.

Sistema Logístico Antártico en Ushuaia, una asignatura pendiente desde hace 30 años

El próximo 22 de febrero se conmemora el Día de la Antártida y la Argentina tiene una presencia ininterrumpida desde 1904, iniciada en aquellos años en virtud de la preclara visión de hombres como el presidente Julio Argentino Roca, o pioneros antárticos como Hugo Acuña y los miembros de la primera dotación designada en el laboratorio de Orcadas. Nombres célebres fundaron la historia antártica argentina,  José María Sobral, Julián Irízar, Hernán Pujato, Jorge Leal, Mario Olezza, Gustavo Giró Tapper, los pioneros aeronavales en el Polo Sur, los tripulantes del primer vuelo transpolar,  centenares de científicos del Servicio Meteorológico y del Instituto Antártico Argentino, y muchos otros, están indubitablemente ligados al ejercicio de esa soberanía. Pero en esta oportunidad queremos enfocarnos en el Decreto del Poder Ejecutivo Nacional 2316 de 1990 que delineó la Política Nacional Antártica sus dos conceptos fundamentales: la Antártida Sudamericana y Ushuaia como Puerta de Entrada a la Antártida y su derivación más importante: el Sistema Logístico Antártico Internacional, que a pesar de transcurrir 30 años, aún no se pudo concretar por diversos factores, subrayándose el escaso interés político de los gobernantes argentinos de los últimos tiempos, los intereses sectoriales, aún dentro del sistema antártico nacional o simplemente la ineptitud. En este 2021 se cumplen 20 años del libro titulado “La Ciudad de Ushuaia y su Ubicación Geoestratégica como Puerta de Entrada a la Antártida” escrito por Alejandro Bertotto, quien en recientes entrevistas volvió a poner la idea en el tapete, reclamando a la dirigencia la responsabilidad de tal pérdida de tiempo y oportunidades.

Río Grande.- En una extensa entrevista concedida a FM Ártika (99.5 MHZ) de Ushuaia, el especialista en temas antárticos Alejandro Bertotto se refirió a la importancia geoestratégica para la Argentina que significa la política nacional antártica y lamentó que tras más de 30 años Ushuaia, en particular (como puerta de entrada al continente blanco) y Tierra del Fuego en general, no se haya articulado el Sistema Logístico Antártico Internacional, un negocio de real desarrollo genuino, que representaría unos cien millones de dólares anuales que nuestra provincia deja de percibir, por inacción de muchos políticos, tanto nacionales como vernáculos.

 

Política Nacional Antártica

 

“El puntapié inicial de la Política Nacional Antártica lo da el entonces presidente Carlos Menem (Fallecido este domingo) con el Decreto 2316/90, que en realidad estaba redactado desde 1989 pero fue firmado en 1990, ni bien asumió su gobierno”, resumió Alejandro Bertotto. Allí se indicaba el rol fundamental de Ushuaia en el quehacer logístico antártico.

Además de la firma de este decreto, lo que hace Menem “es designar nuevamente como Director Nacional del Antártico al General Jorge Edgar Leal, con lo cual le vuelve a dar una impronta expedicionaria a la idea; además, Leal tenía -más allá de sus más y sus menos- una visión más de ‘izquierda’ de cómo debería concretarse el accionar antártico argentino y -a partir de ello- “Leal genera dos conceptos que para mí son fundamentales e fundacionales de la impronta que intentó dar al camino antártico de la Argentina: uno es el concepto de ‘Antártida Sudamericana’, cristalizado en la creación de lo que se llamó RAPAL (Reunión de Administradores de Programas Antárticos Latinoamericanos), integrada por Brasil, Uruguay, Perú y Ecuador, liderados por la Argentina y Chile que eran los dos países del cono sur latinoamericano con mayor trayectoria, experiencia y prestigio en la comunidad antártica internacional ya que los otros eran incipientes”, explicó Alejandro Bertotto.

Observó que la RAPAL “generó un interesante factor de poder en la comunidad antártica internacional, ya que además, RAPAL se asienta sobre el cuadrante americano del continente blanco, el de mayor actividad, científica, institucional y comercial de antártida.

Montado sobre eso, las facilidades y objetivos del Decreto 2316/90 de Menem, “marcaba claramente establecer a Ushuaia como puerta de entrada a la Antártida y la norma dispone la necesidad de iniciar paulatinamente el proceso de desplazamiento del Sistema Antártico argentino, hacia la capital fueguina y fomentar el desarrollo y prioridad al complejo aeroportuario de Ushuaia, respecto de la Administración del Programa Antártico Argentino, buscando así, generar sociedades logísticas y científicas con otros programas antárticos. Estaba claro, se debía generar un sistema logístico antártico internacional en Ushuaia, generar sociedades con la mayor cantidad de integrantes de la comunidad antártica y generar cierta dependencia logística de los miembros del Tratado Antártico, asentados en el hemisferio norte. Esto evidentemente no ocurrió, por el contrario, las viejas estructuras temieron perder sus lugares de privilegio, la política consideró que la actividad antártica no era una prioridad para la Nación, sino que era ‘un problema de los milicos’ y así se fue desmembrando lo que otrora fuera un mecanismo perfectamente equipado e instruido para proveer la logística antártica”.

Reparó que “paulatinamente, la falta de presupuestos acordes, fueron lastimando la otrora excelencia de poseer al menos dos buques de empleo específico (B-1 y Q-5), helicópteros y aeronaves de la DNA operados por las diversas fuerzas armadas a disposición del sistema, se fueron reduciendo, hasta en gran medida salir del sistema.

La idea de desarrollar Ushuaia como Puerta de Entrada a la Antártida pisó callos; no sólo en la logística, también en gremios que consideraban que trasladar parte de la DNA y el IAA al sur, les haría perder beneficios también colaboraron a la frustración. Fue mucha la gente no lo entendió, también en Tierra del Fuego, muchos privilegiaron sus ‘logros personales y el estatus alcanzado’ -generalmente con escaso merecimiento- y obstruyeron con todas sus armas el desarrollo del Sistema Logístico Antártico en la capital fueguina. Recién ahora, ante las evidencias que con las que nos castiga la realidad de ver a pocos kilómetros del Ushuaia, en la ciudad de Punta Arenas en su plaza central el imponente edificio del Instituto Antártico Chileno, o la construcción de nuevos rompehielos de última generación por parte de nuestros vecinos,  o, en estos días la noticia de la fuerte inversión británica en el puerto de Malvinas y la utilización del sistema aeroportuario inglés en las islas por parte de el AWI Alemán para explorar una nueva ruta logística comercial, a través de Lufthansa y el rompehielos Polarstern, para abastecer y relevar la base antártica germana sin tocar puertos sudamericanos, hace que los que antes se oponían o eran indiferentes, hoy estén entendiendo que la argentina ha perdido más de 30 años en esta carrera, que difícilmente los pueda recuperar”, lamentó Alejandro Bertotto.

 

Sistema Logístico Antártico en Ushuaia

 

Cuando Bertotto llega a Tierra del Fuego, interpreta y comparte esos conceptos vertidos en el Decreto 2316/1990, a instancias de un decisión del Plenario Ministros, el entonces gobierno de José Arturo Estabillo y resuelve iniciar el camino de la actividad antártica provincial “porque hasta ese momento lo único que se hacía con respecto a la Antártida era acompañar receptivamente al turista antártico desde una oficina del INFUETUR (Instituto Fueguino de Turismo), hablamos de un turismo mayormente europeo, japonés o norteamericano, además de un poco de difusión, algún chocolate el Día de la Antártida, actividades de divulgación y no mucho más”, recordó.

La impronta del gobierno provincial se enmarcó “fundamentalmente en generar logística, tratar de que Ushuaia en particular y Tierra del Fuego en general pueda generar servicios, específicamente antárticos de manera de poder convencer o ‘seducir’ a los países antárticos del hemisferio norte, que tienen en promedio entre 25 y 30 días de navegación de sus buques desde sus países de origen hasta la Antártida y otro tanto para regresar y fundamentalmente lo que hacen es trabajar en sus programas científicos en el verano antártico (alrededor de 60 a 90 días) y eso genera en los administradores de programas antárticos del hemisferio norte un terrible gasto logístico, porque se necesita por cada día de trabajo, uno de navegación y cuando hablamos de un día de navegación estamos hablando generalmente de un transatlántico en el caso del turismo o bien un buque polar en el caso de la ciencia en el continente blanco. Estamos hablando de varios miles de dólares diarios”, reveló.

Alejandro Bertotto observó que “solamente el 2 por ciento del continente antártico está libre de hielo, se puede ver piedras en el verano, lo demás es hielo y es muy difícil y peligroso navegar o marchar en el hielo y es difícil llegar y sobrevivir naturalmente. Todo lo que uno deba hacer en la Antártida, lo tiene que prever, lo tiene que planificar, hay que llevarlo puesto, de lo contrario, no lo tendrá disponible, cuando lo necesite. Eso contribuye a que la Antártida sea un misterio, hace poco más de un siglo un viaje hacia allí podría compararse con un viaje a la Luna”.

 

Ushuaia Puerta de Entrada a la Antártida

 

En el 2001 Alejandro Bertotto publicó -a través del Centro de Estudios Estratégicos ‘Teniente General Luís María Campos’-, el libro titulado “La Ciudad de Ushuaia y su Ubicación Geoestratégica como Puerta de Entrada a la Antártida”.

¿Por qué Ushuaia? “Es bastante simple y evidente, es el único puerto de aguas profundas con excelente abrigo de la meteorología y abastecimiento logístico adecuados de la zona de influencia y además, es el más cercano a la Antártida, un buque convencional demora 40 horas en llegar desde Ushuaia a las Shetlands del Sur, Son apenas poco más de mil kilómetros los que separan a nuestro puerto de las Shetlands”, explicó.

“Por eso creo y es que soñé el Sistema Logístico Antártico Internacional en Ushuaia antes de empezar. El puerto de la capital fueguina tendría que tener hoy como mínimo, cinco buques tipo ‘supply’ de trabajo antártico, rápidos y con buena capacidad de carga como buques polares, haciendo una distribución de productos y relevos y despliegues de bases y campamentos científicos a través del puerto de Ushuaia hacia las distintas locaciones antárticas y también trabajando en residuos antárticos que es un tema muy interesante para desarrollar y le hubiese generado un gran alivio a la comunidad antártica internacional”.

También, “debería haberse desarrollado una industria aeronáutica específicamente de servicios antárticos ya sea de aviones, cuanto helicópteros, completando la oferta logística. No debemos perder de vista que tener esa posibilidad le ahorrarían esos 50 ó 60 días de navegación que necesitan los administradores del hemisferio norte para ir y venir desde y hasta sus respectivos países”.

Ya hacia el año 2000 se calculaba en un negocio de 100 millones de dólares para los fueguinos. “Lastimosamente no tenemos nada de eso, y no porque no haya empresarios con coraje de arriesgar en esas prestaciones, sino porque el estado no sólo no los acompañó, en algún caso los obstaculizó. Fíjense que hoy existen en Ushuaia empresas con helicópteros, y también con buques inclusive polares, pero están limitados a la actividad turística, porque para la logística no se les brindó el acompañamiento que necesitaron. Aún recuerdo que cuando tuvimos una empresa de aviación fueguina”.

En el caso de los alemanes y su vuelo a Malvinas, Bertotto recordó que “es un vuelo comercial, los germanos tienen una empresa de aeronavegación comercial, como Lufthansa, súper conocida y una de las mejores empresas del mundo, charteado para esta operación, con capacidad para 300 plazas y vino con menos de cien personas. Obviamente todo esto es una gran fórmula de costo y esa fórmula les convino y lo pueden hacer por ese lugar y no les convino hacerlo por otro lugar, como Punta Arenas, Ushuaia o Ciudad del Cabo”.

Entendió que “no es una cuestión impuesta por la pandemia, como se excusó, la empresa misma declaró en su comunicado que hace 20 años vienen estudiando ese puente aéreo, que el COVID-19 solo les dio la oportunidad de concretarlo”.

El experto mencionó que “el sistema antártico alemán, no es un sistema exclusivamente antártico, sino que es un sistema científico polar. El rompehielos Polarstern navega todo el año, no es como el rompehielos nuestro (Almirante Irízar) que sale a fines de noviembre y vuelve en marzo o a principios de abril y que hasta el otro noviembre no se vuelve a mover. El Polarstern no para nunca, está todo el tiempo navegando y tiene su derrota –su caminito- dibujada por dos años adelantados. Son alemanes y su tripulación va rotando, todos son parte del mismo engranaje, como una máquina”.

“Cuando terminan su trabajo acá en la Antártida, van hacia el sector norte, haciendo trabajos científicos en diversos puntos del hemisferio y llegan hasta el Polo Norte, el Ártico y Groenlandia, por ejemplo, están permanentemente en movimiento”, explicó.

Mientras tanto nosotros estamos comparativamente mucho peor que hace 20 o 30 años, “Hoy tenemos aviones Hércules con demasiadas limitaciones, un rompehielos que está reciclado y es lo único que funciona adecuadamente. El otro día vimos por los medios que uno de los buques afectados a la campaña antártica se incendió en el puerto de Buenos Aires, antes de zarpar para la Antártida. No hay confiabilidad en nuestro sistema antártico porque está todo atado con alambre, en helicópteros sólo están brindando servicio los Sea King de la ARA, y algún B-212 de FAA, los de mayor capacidad de carga como los Superpuma del ejército o los M-17 de la FAA, no tiene horas disponibles para el trabajo antártico, todo esto demuestra que les interesa bastante poco a los que tienen que conducir el tema y hacerlo pujante”, cuestionó.

El Sistema Logístico Antártico “incluía la posibilidad de un cintrolift es una especie de dique seco para reparar embarcaciones. Además, también se extendía hasta el continente blanco, con una Terminal de Cargas desde donde operarían embarcaciones y aeronaves de trayectos menores, había otros proyectos del sector privado potenciado por estas ideas, por ejemplo, Kaikén Líneas Aéreas una empresa fueguina (de Oscar Valls) había comprado aviones Dash 7 que eran cuatrimotores ideados para hacer también el circuito Ushuaia – Antártida años antes que los chilenos hicieran lo mismo. Hoy Kaikén ya no existe y Chile tiene dos pistas en la Antártida para vuelos de aviones jet, ya no turbohélices”.

“En 1995 y 1996 tanto el Interamericano de Desarrollo le pidió a la Argentina cuatro o cinco proyectos de innovación para ser financiados. Tierra del Fuego presentó el Sistema Internacional de Logística Antártica que consistía en un servicio de desarrollo específico antártico de Transporte, Provisión, Reparación y Tecnología con objetivo en dos frentes, uno internacional que era ofrecerle a la comunidad antártica internacional lo necesario como para que se puedan apoyar en Ushuaia, gasten mucho menos plata y mucho menos tiempo, como hicieron los alemanes hace pocos días que se ahorraron 25 días de navegación llegando en 15 horas en un avión a Malvinas. Lo mismo podrían haber hecho, pero en Ushuaia y sin necesidad de que su rompehielos, el Polarstern, tenga que amarrar en Ushuaia”, contó Bertotto.

Otro objetivo básico del proyecto era por supuesto que se instalen partes importantes del sistema antártico argentino en Ushuaia (IAA-DNA-RHAI, etcétera), nada de eso ocurrió.

Sin embargo Bertotto reconoció que Alemania trabajó en muchísimos proyectos con la Argentina, a través de múltiples acuerdos entres el Instituto Alfred Wegener (Alfred Wegener Institute – AWI) y del Instituto Antártico Argentino (IAA) y también la provincia de Tierra del Fuego (Proyecto Perito Moreno, Refugio Onas, BASM). “Alemania siempre fue amiga de la Argentina, lo que no quiere decir que tengan que hacer malos negocios por ser amigos nuestros”. En tal sentido afirma el especialista que “muchos geólogos argentinos del IAA fueron muy reconocidos en universidades alemanas durante mucho tiempo y con muy buenos resultados, por ejemplo, Claudio Párica, quien hoy es presidente de la Academia de la Antártida, un profesional de muchísimo talento y de muchísima preparación”, elogió.

Agregó que “de hecho, el laboratorio de la Base Jubany que se llama Dalmann es un laboratorio que lo hizo Alemania junto con la Argentina y eso hizo crecer mucho la ciencia de nuestro país en la Antártida como también creció la ciencia alemana por estar ahí”, completó.

Bertotto recalcó que “Alemania ha sido siempre un amigo nuestro y hoy no es un enemigo nuestro, es simplemente un ‘cliente’ que dice: ‘a mi me conviene hacer esta operación logística (por Puerto Argentino) y la puedo hacer por este lado”.

 

Antártida Sudamericana

 

Alejandro Bertotto da a conocer el proyecto de la Antártida Latinoamericana en un suplemento de 8 páginas, oportunamente publicado por el diario Provincia 23, titulado ‘Antartida: El escenario más apto para concretar en hechos la política del Mercosur y Latinoamérica’, idea que tiene que ver con la consolidación del liderazgo argentino en continente blanco, incorporando a los países latinoamericanos en la actividad antártica a través del empleo del despliegue territorial de sus asentamientos en proyectos científicos y de protección ambiental, dirigidos al monitoreo del turismo antártico y la implementación de planes de manejo con la utilización de especialistas de las principales universidades latinoamericanas.

“Este es el tiempo de consolidar una alianza latinoamericana para defender los intereses subcontinentales en la Antártida”, enfatizó Bertotto, quien agregó que la actividad se deberá caracterizar por tener “por cada hombre, una mujer; por cada logístico, un científico y por cada nacional un latinoamericano”.

Alejandro Bertotto, quien es Expedicionario al Desierto Blanco y experto antártico fueguino, además de haber sido jefe la base polar San Martín, y primer director de Antártida de Tierra del Fuego, fue oportunamente entrevistado para desarrollar este concepto Latinoamericanista, en el programa ‘Más allá del Sur’ que se emite por Radio Nacional Buenos Aires por los periodistas Susana Rigoz, Pablo Crocchi y Mariza Muñoz.

En aquella entrevista, Bertotto se refirió con su óptica desde la Provincia de Tierra del Fuego y de Ushuaia como portal geoestratégico a la Antártida, con su potencial, convocando desde allí a la unidad continental sudamericana: y que la Argentina, con su despliegue territorial antártico y su experiencia histórica, está en condiciones de favorecer el inicio de una actividad académica combinada que asegure para el futuro la vigencia de la soberanía del cono sur en los territorios que el mundo aún no ha descubierto en su real dimensión.

Hacer valer la condición de pertenecientes al cuadrante americano de la continente blanco, “es importante reparar en que la visión que tenemos del mismo tema se hace desde una óptica situada en el extremo austral de la argentina continental”, observó Bertotto.

Agregó que “Tierra del Fuego es una situación geopolítica en sí misma, más allá de contener en sí, tres temas que a su vez constituyen cuestiones geopolíticas estratégicas, como los son Malvinas, Antártida y la Isla Grande propiamente dicha”, fundamentó.

Considerando que debe primar el compromiso con la idea más allá de la obtención de cargos o distinciones el autor consideró que “independientemente que uno esté trabajando en el tema antártico profesionalmente o no, en uno el tema aflora y lo ocupa diariamente, no necesito cobrar un sueldo para sentar posturas y desarrollar proyectos sobre Antártida, que redundaría en beneficios estratégicos para la Nación y desarrollo económico genuino para la provincia”.

Subraya el entrevistado que “me interesa el desarrollo del tema antártico, más bien del Atlántico Sur como eje de desarrollo económico y humano de la Tierra del Fuego, esto es sin más ni menos, la posibilidad de la obtención de trabajo y riqueza a partir de recursos genuinos, los que deberían incorporarse, lo antes posible, al sistema comercial local”, reparó. Pues “no hace falta cobrar un sueldo para sentar postura y desarrollar proyectos, uno se caracteriza por su compromiso por el tema”, insistió.

“Sí, es cierto, los antárticos tenemos nuestro propio San Martín, Pujato, de la mano de Perón iniciaron un camino estratégico en la Antártida que perduró y marcó el rumbo por más de 50 años. Los logros de Pujato deben ser preservados actualizando el sistema y despertando sus estructuras respecto de que ya estamos transitando el siglo 21. No se entiende que sigamos profundizando errores que nos llevan a atrasarnos en el concierto internacional, hace 20 años reclamé por el cambio de denominación de las bases, este concepto nos dirige a conceptualizar cuarteles, proponía llamarlas estaciones científicas o antárticas, pero no, el cambio de denominación llegó para llamarlas ‘Bases Conjuntas’, más militar, imposible”,  observó.

“Pujato siempre resaltó la necesidad de que los países antárticos latinoamericanos trabajen conjuntamente para desarrollar un concepto continental de esa actividad”, remarcó Bertotto como fundamento a su concepto de Antártida Latinoamericana. Cierta vez, visitamos con Liliana Fadul al general Pujato en el HMCM y éste al saber que se trataba de una dirigente fueguino le dijo con total claridad, en la Antártida debemos ser siempre amigos de Chile, con ellos juntos lograremos los objetivos. La idea RAPAL parecía considerar esa premisa, sin embargo…

“Debemos tomar a la Antártida como un laboratorio en el que desarrollemos un ejercicio de cooperación americana, debemos integrar a nuestros mejores hombres y mujeres y a nuestras mejores casas de altos estudios; reunir en centros de monitoreo ambiental a los universitarios más destacados de los países latinoamericanos. Argentina debe abrir sus estaciones antárticas temporarias y permanentes a grupos de monitoreo ambiental, de control del turismo antártico y planes de manejo de los mismos para evitar o limitar tantos accidentes que estamos viendo ocurrir. Esto lo digo ahora pero lo publiqué hace años, por eso lo puedo hablar con tranquilidad de conciencia”, recordó.

La única verdad es la realidad, “no estoy hablando mal de nadie, hay que reconocer lo que han hecho nuestros hombres de armas en la Antártida, yo mismo nací de esa actividad, pero el sistema debe comprender que estamos en el Siglo XXI y que este sistema ya no da para mantener y además incrementar el protagonismo antártico del país, es una sombra desdibujada de lo que supo ser”, abogó.

Agregó que “no me olvido que estoy parado en Ushuaia, y tengo claro que quienes hoy deciden los destinos de la Antártida argentina están ocupando oficinas y locaciones privilegiadas en el AMBA, el palacio de la plaza San Martín o en Paseo Colón y Garay y eso deberá cambiar prontamente, para posibilitar el aggiornamiento del sistema, su más propicia profesionalidad y, en ese sentido debemos felicitar a nuestros hermanos chilenos, ya que en un accionar muy inteligente, hace años tiene emplazado en Punta Arenas, en la plaza central de la ciudad más austral de Chile continental, a su Instituto Antártico, con un plantel sumamente joven y profesional, insisto en el futuro la Argentina deberá contar en la Antártida por cada hombre, una mujer; por cada logístico, un científico y por cada nacional un latinoamericano”, volvió a insistir.

 

Bases Antárticas Argentinas

 

El entrevistado dio cuenta que en la Antártida “hay 6 bases argentinas activas. Siempre tuvimos en el orden de las 12, 13, 14 o 15 dependiendo del momento porque hay bases que existieron y hoy ya no existen, otras que no son permanentes; es decir, temporarias, pero son 6 las permanentes y entre 7 y 9 las temporarias dependiendo del momento”, detalló el entrevistado.

“La base más austral de la Argentina es la Belgrano II que está en la parte más austral del Mar de Weddell, al oriente de la península antártica. Es un mar que permanece congelado la mayor parte del año, de hecho todo el año, pero en el verano suele abrirse como ríos, fisuras, canales en el pack de hielo marino que es por donde se filtran navegando los rompehielos -en particular el Irízar para ir a hacer el relevo- y llegan a esa costa más austral que es la barrera de hielo Filchner-Ronne”, explicó Bertotto.

Agregó que “al sur de Belgrano II estaba la base que generó y creó Gustavo Giró Tapper, vecino de la ciudad de Ushuaia, que lo mantenemos en el olvido, lamentablemente, la Base Científica Sobral -alguna vez, base permanente- que la construyó Giró Tapper para poder llegar al Polo Sur desde la Base Belgrano (la original) para hacer justamente la campaña Operación 90”.

Bertotto continuó diciendo que “después que se hizo la Expedición argentina al Polo Sur (1965) la Base Sobral sirvió de apoyo logístico al mando del entonces teniente Goetz y base científica, a los pocos años se desactivó, pasó a ser temporaria y finalmente se la tragó el glaciar, quedó sumergida en el hielo y desapareció”.

Bertotto detalló que las bases permanentes son Orcadas, San Martín, Belgrano II, Esperanza, Marambio y Carlini. Las Bases temporarias son Decepción, Matienzo, Petrel, Primavera, Brown, Melchior y Teniente Cámara. “Son 18 bases en total, porque hay que sumar a Belgrano III que duró pocos años. Fue inaugurada en 1980, era móvil, pero la sorprendió un temporal muy largo y no la pudieron mover. Se pegaron los patines al hielo y fue cubierta y absorbida por el glaciar”, recordó. Además, “están Balvé y Burruchaga, que son refugios pero la Armada Argentina las considera bases porque las abre los veranos para proyectos científicos”.

 

Expedicionario del Desierto Blanco

 

En relación al calificativo de antártico, Bertotto explicó que “hay una ley (20.965) que establece las condiciones para ser considerado antártico y dicha ley está hecha no por una cuestión honorífica, sino por una cuestión práctica, porque hubo en algún momento determinadas ventajas o facilidades para el hombre que había sido capacitado para ir a integrar una dotación antártica durante un determinado tiempo y para una determinada actividad”.

Agregó que “concretamente, quienes hayan invernado en la Antártida; es decir, quienes hayan hecho una campaña de verano hasta la próxima, de un año aproximadamente, de ahí para arriba”.

Prosiguió que “esto, con el paso del tiempo, se convirtió en una suerte de distinción honorífica, como una capacitación, cuando se estableció que lo que entonces se denominaba ‘Antártico’, pasó a llamarse ‘Expedicionario del Desierto Blanco’ y se este modo se toma la posta de aquellos primeros pioneros antárticos”.

Justamente Bertotto tiene esta distinción ya que en 1993 fue Jefe de la Base San Martín, para ello tuvo que hacer una capacitación pre antártica durante 1992.

Luego de esta experiencia, fue el que armó todo esquema antártico del Gobierno de Tierra del Fuego durante 1994/1995.

 

El Destino y el Sueño Blanco

 

Alejandro Bertotto, quien era Capitán de Artillería del Ejército Argentino, fue interesándose por la Antártida. “Yo tenía esa intriga, ese misterio que deja traslucir la Antártida para quienes no son antárticos. Además, en la vida militar uno se va cruzando en distintos destinos con gente que tiene esa capacitación y obviamente, las anécdotas sobran, permanentemente están en cualquier sobremesa de cualquier casino de oficiales o suboficiales, según el caso, sobre las historias que se han vivido en la Antártida”.

“A partir de ahí a mi me interesó, empecé a averiguar”, confió.

Cabe aclarar que “la Artillería cuida mucho la carrera de sus oficiales y no les gusta mucho que sus oficiales salgan del arma, prefieren que se queden todo el tiempo, por eso me costó bastante poder salir a hacer esta especialización”, recordó.

Quiso el destino que en 1992, “el Segundo Comandante Antártico había sido anteriormente Jefe de Operaciones mío en una unidad de combate, en el Grupo 161 (Teniente Coronel Hugo Canda) con el cual habíamos trabajado muchísimo y teníamos mucha confianza y él debió reemplazar a un jefe de base que estaba designado a la Base San Martín para el año 1993 que por problemas de otra índole, no iba a poder hacerse cargo de esa jefatura”.

Es así que le pidió a Alejandro Bertotto para que se capacite y especialice durante 1992 para hacerse cargo de la dotación ´93 de esa base, fundada nada menos que por el General Hernán Pujato (El “San Martín” de los antárticos) y ubicada más al sur del Círculo Polar Ártico, en Bahía Margarita, en el Mar de Bellingshausen. San Martín tenía además, el plus de ser la primera base continental argentina, la primera del Ejército en la Antártida y por entonces la más austral del mundo.