Breves
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Un crimen y muchas víctimas

¿Quién mató al bebe de Andrea?

Andrea Paduan recibirá hoy la sentencia por el asesinato de su bebe, ocurrido en abril de 2015. Solo ella estará sentada frente a los jueces, aunque muchos actores fueron sembrando el camino que terminó con el crimen del niño. Una historia donde hay más las víctimas que villanos. ¿Se puede sentenciar una vida por un instante? Ojalá sea justicia.

 

(Por José Piñeiro) – Andrea, “Titi” como le dicen en familia, encontró en el Tribunal de Juicio el espacio para relatar su vida. Para decir cosas que nunca había dicho, ni en familia, ni con los compañeros de estudio o los pocos amigos que pudo tener. Ante esos jueces desconocidos comenzó a desnudarse, a contar su historia, llena de padecimientos, de soledades, de desamor, de ausencias y responsabilidades superiores a sus fuerzas.

Desde pequeña tuvo que hacerse cargo, sobrellevar la enfermedad de su padre, los sobrinos que se multiplicaban sin previo aviso, el miedo propio. También cargó con los intentos de suicidio de papá Héctor, con las peleas entre él y mamá Isabel, con la incapacidad de su hermana Gabriela para cuidar los tres hijos; allí estaba Andrea; siempre.

Todos reconocen que “Titi” ayudaba, colaboradora, nada quejosa; tan silenciosa que transitó un embarazo sin que nadie se diera cuenta, pensando incluso en parir sola en un rincón de la casa, calladita, como para no molestar.

Cargó con todo, hasta que un veranito económico familiar le permitió viajar al norte; para estudiar una carrera. Entonces Andrea supo que había otra vida, que podía tener libertades, salir, caminar, sentir el sol sin culpa. Comenzó a estudiar, a sentirse bien, propia.

Sin embargo al acecho estaba la tragedia, que asomaría por donde menos lo esperaba. La muerte de la perrita que había dejado en Ushuaia, lo supo por el relato familiar y de vuelta la culpa. Entonces el encierro, el refugio en sus dibujos, un año sin salir casi del departamento, noches de insomnio; hasta que apareció aquel cajero de supermercado, que la hacia reír, que la haría madre, sin quererlo, sin saberlo, en una incómoda noche de mal amor.

Entonces el retorno a la familia, porque la necesitaban, tenía y debía retornar para ayudar. Retomar las tareas que había dejado, sus obligaciones, el cuidado de los sobrinos; esos que amaba y extrañaba. Ignorando, o decidiendo ignorar, que llevaba un hijo en su vientre.

No se lo podía permitir, porque le haría mal a papá. Ese padre que reconoció -también ante los jueces- que no podía dar amor porque nunca lo había recibido. Titi debía cuidarlo, cicatrizarle las heridas, tenía que llevar los chicos a la escuela, a sus actividades, limpiar la casa, hacer las compras con mamá.

Hasta el mismo día en que su hijo decidió asomar, salir por fin del anonimato; Andrea fue de compras con su madre. Soportó dolores, contracciones, en silencio y soledad. Pretendió ignorar lo   evidente, el niño estaba por nacer.

Sola fue hasta el hospital, parió, intentó decir que no lo quería, que no lo podía. En su casa no había más lugar, eran muchos, la vivienda es muy pequeña, papá no soportaría la noticia. Pidió ayuda, asistencia; recibió órdenes e indicaciones, desprecio y advertencias.

Como pudo salió del hospital, quiso que el niño desapareciera, no quería ponerle nombre pero la obligaron. Lo llamó Felipe, hoy admite que pudo ser “presidente o astronauta” y entonces llora, y llora, sin alcanzar a comprender como sucedió.

“No quería matarlo, yo quería darlo. Es que no podía tenerlo” susurra, y en el juicio, ante los jueces, lo llama por primera vez “hijo”.

La historia de Andrea está llena de víctimas, sus padres, su hermana, su hijo y hasta su mascota. También ella, tan chiquita y con tanto peso encima, que no supo y no pudo zafar. Titi creyó que estaba destinada a complacer el deseo y las necesidades de los otros, incluso aquella noche cuando el joven cajero le propuso intimar. Pero se olvidó de ella, porque nunca le enseñaron a reconocerse.

La historia de la joven impacta, porque cuesta entender como una madre mata al hijo recién nacido; hasta que se bucea un poco más allá del momento, del acto, del hecho aislado. Andrea intentó contar su historia en el Tribunal, pero alguno de los jueces se aburrió y le pidió que fuera “al hecho en sí”.

Sin embargo el hecho comenzó a construirse en toda una vida, entre muchos actores, donde abundan las víctimas; aunque haya un solo crimen. Ojalá hoy sea justicia, reparadora, y no sea ejecución.

Foto: Sur 54