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El Dr. Christian Tejedor, director del hospital regional Río Grande, hizo un balance por FM La Isla de la situación de los profesionales y del sistema sanitario en general en la zona norte, luego de varias semanas de agotamiento por la cantidad de contagios que no se lograban frenar.
El Dr. Christian Tejedor, director del hospital regional Río Grande, hizo un balance por FM La Isla de la situación de los profesionales y del sistema sanitario en general en la zona norte, luego de varias semanas de agotamiento por la cantidad de contagios que no se lograban frenar.

“No tuvimos un solo paciente tirado en un pasillo”

El Dr. Christian Tejedor expuso la mezcla de emociones entre los profesionales de la salud, luego de haber atravesado el pico de la pandemia. Hubo momentos en que “no daban las manos para trabajar”, dijo, y hoy hay quienes “se sienten derrotados” y otros “con ánimo optimista”, que atribuyó a la posibilidad de tomarse un descanso y pensar hasta en vacaciones. Si bien el sistema de salud no colapsó y lo consideró una victoria, reconoció que estuvieron muy cerca y que faltaron medicamentos, como en todo el país. “El peor déficit que cualquier sistema sanitario puede llegar a tener es el recurso humano”, subrayó, y en este punto no hay solución inmediata posible. La situación se complicó por la dependencia de profesionales que debían venir por vía aérea, y todavía no hay espacio para relajarse, en caso de una segunda ola antes de que se logre la inmunización con la vacuna.

Río Grande.- El Dr. Christian Tejedor, director del hospital regional Río Grande, hizo un balance por FM La Isla de la situación de los profesionales y del sistema sanitario en general en la zona norte, luego de varias semanas de agotamiento por la cantidad de contagios que no se lograban frenar.

“Son situaciones encontradas, todos tenemos nuestros días, hay días buenos y días malos, todavía nos toca dar muchas malas noticias y remar mucho con los familiares, con internaciones muy largas con muchas complicaciones en todo aspecto. Se hace difícil estar lejos de los pacientes y en algunos casos es imposible. Tenemos un sistema de salud derrumbado hace muchos años en nuestro país, no se le ha dado la atención que merece, como tampoco al sistema educativo, y hay gente que se siente derrotada. No todos tienen los mismos ánimos, algunos le ven lo bueno, yo le veo lo bueno, lo malo, trato de ponerme en el lugar de todo el mundo y ser empático”, dijo.

“Quizás por el fin de año hay gente con muy buenos ánimos, y estamos en una situación epidemiológica relativamente favorable. Sigue habiendo casos todos los días pero la situación se ha controlado bastante. Tenemos flujo de pacientes pero no es tanto y no nos colapsa. Esto nos permite hacer lo que a todos nos gusta, que es atender otros pacientes dentro de nuestra especialidad. Después de haber estado cerca del colapso, es una victoria para el sistema sanitario de la provincia. La ciudad de Ushuaia la sigue peleando pero se estabilizó más rápido que Río Grande. Yo lo veo satisfactorio, después de un par de semanas muy complicadas donde no daban las manos para trabajar, porque no tuvimos un solo paciente tirado en un pasillo. Hay gente que no llegó a la atención médica por cuestiones de su propia enfermedad y lamentablemente han fallecido casi sin atención, llegó a llevarlos la ambulancia o llegó alguien a sus casas, pero en el hospital nadie quedó sin atender. Eso para nosotros es un éxito”, manifestó.

“Hubo pacientes más grandes, con ciertas limitaciones en su evolución, y se brindó más tratamiento paliativo, para no ser invasivos porque era peor, pero algunos salieron de ese contexto también. Todo lo que se hizo es excelente y no hay nada que decirle al equipo de salud del punto de vista interno”, destacó.

“Tenemos nuestros errores y aciertos como en todo, pero ha sido excelente el trabajo. Ahora hay un montón de gente que se ha podido tomar algunos días, licencias de invierno que tenían pendientes. Otros no se las pudieron tomar, pero tomaron algunos días de corrido o un fin de semana, y tuvieron un poco de tiempo. Los que no nos hemos podido tomar vacaciones, estamos haciendo lo posible para poder hacerlo”, señaló, a la espera del descanso merecido.

 

La segunda ola

 

Sin embargo no hay razones para relajarse todavía. La posibilidad de una segunda ola de contagios no está descartada y es una carrera contra el tiempo y la posibilidad de vacunar a la mayor parte de la población. “Hemos hablado de estas cosas porque se nos cayeron todos los proyectos que teníamos a principios de año. Es difícil empezar a ejecutar algunas cosas hasta que no llegue marzo, porque hay mucha gente de vacaciones. Siempre se están tratando de mejorar las cosas, sabemos que el sistema funcionó pero tiene falencias enormes. Las camas no son el problema, sino que cuando hay un evento así se debería poder seguir atendiendo a pacientes comunes, y esa posibilidad no la tenemos. No tenemos recurso humano ni edilicio. La verdad es que nos sobraron camas de terapia intensiva, si bien hubo un momento en que los tres centros de la ciudad no teníamos camas críticas, ni siquiera comunes. Sabemos que somos una provincia aerodependiente, no para los pacientes sino para que vengan los profesionales que los atienden. Tenemos un sistema sanitario que depende de un montón de cosas que en esta situación no se pueden cumplir”, advirtió.

“Se hace todo lo que se puede, se atendió con la mejor calidad disponible, todos tuvimos nuestro déficit y el país también lo tuvo, porque en realidad no hubo drogas, hubo que hacer cambios y tratar a los pacientes con lo que tuvimos a mano. Después se empezó a recuperar la parte farmacéutica. Vivimos en una isla, necesitamos del transporte y hubo un parate en el transporte de camiones también. Si hay tormenta los aviones no bajan, los camiones no cruzan el estrecho. Tuvimos un consumo de drogas que no fue normal, porque es abismal lo que se consumió. El problema no fue económico sino de disponibilidad, porque en nuestra ciudad tuvimos un momento en que ninguno tenía ciertas drogas, que no usamos habitualmente, y empezamos a usar otras medicaciones. Uno se pregunta si eso no hizo que los pacientes necesitaran estar más tiempo con un respirador”, reflexionó.

“El peor déficit que cualquier sistema sanitario puede llegar a tener es el recurso humano. En ciertos aspectos mejoró la comunicación humana e interpersonal, pero cualquier empresa con 700 personas trabajando tiene conflictos. Nos fuimos amoldando y tenemos la ventaja de haber hecho equipos en muchas áreas, que funcionaron. Trabajamos con muchas diferencias entre profesionales de todas las áreas y salimos adelante porque logramos una mejor comunicación. La necesidad a veces hace que las fuerzas se unan y todo vaya para el mismo lado. No puedo decir nada del equipo sanitario a nivel global, tenemos cosas para arreglar y esperemos tener aire para poder trabajar sobre eso”, concluyó.